Mostrando entradas con la etiqueta Emprendedurismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emprendedurismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de agosto de 2012


CEO != Emprendedor

Dirigir negocios y crear negocios son cosas distintas. Los emprendedores suelen querer ser directores de sus propias compañías y la experiencia dice que eso pocas veces funciona bien. Un emprendedor es quién tiene ideas, visiones distintas, usualmente es observador e innovador. Los directores se dedican a otra cosa.

El director de la compañía debe focalizarse en dirigir el equipo que implementa la idea, no en innovar. Se pretende de un director de empresa que tenga aptitudes para vender, para hablar con inversionistas, para dirigir equipos multidisciplinarios (finanzas, contabilidad, RRHH, operaciones, etc.). Es decir, llevar adelante el negocio.

Para ser emprendedor se requiere muchísimo más: tener una idea. Esa idea tiene que crear algo nuevo, mejorar algo que existe o encontrar un nuevo nicho de negocios en un lugar donde no lo había. Decirlo es fácil, hacerlo no. La estadística a nivel mundial muestra que, en el mejor de los casos, sólo un 10% de las nuevas empresas pasan el primer año de vida.

El 90% restante, que muere en el camino, muchas veces lo hace no porque la idea no sirva, sino porque quién la implementa no sabe nada de negocios. El que tiene la idea no tiene por qué saber cómo dirigir una empresa. El mayor problema, sin embargo, es que es muy difícil hacerle entender a los inventores que alguien puede implementar su proyecto mejor que ellos mismos. Y, mucho más difícil aún convencerlos que dentro de su empresa ellos no son los que más ganan.

Lo que no ven, porque no entienden de negocios, es que lo que gana el CEO su sueldo. Lo que gana el dueño de la empresa (el emprendedor) depende de la cantidad de acciones que conserve (equity). Así, el consejo general para los emprendedores es que, cuando puedan, contraten a alguien que realmente sepa de negocios para llevar adelante su idea. ¿De dónde sacar la plata para hacerlo? Voy a dedicar alguna nota sobre a Venture Capitals, Crowdfunding y Angel Investors para dar ideas.

lunes, 23 de julio de 2012

Fallar y volver a intentar

"Ever try ever fail. Try again. Fail again. Fail better". Samuel Beckett
La tecnología por sí sola no hace nada. Hay que implementarla en un contexto de negocio que sea sostenible y viable. Sea para el fin que sea, la pata de negocios es fundamental. Los tecnólogos en general se olvidan o reducen este punto que es, a fin de cuentas, el que ocasiona la mayor cantidad de problemas.

El saber popular, que no es tal, dice que no hay un método para hacer empresas exitosas. Eric Ries, no está de acuerdo con ello y propone unas cuantas herramientas para transformar al emprendedurismo en una ciencia.

La prueba y error no deja de ser un camino para el método científico clásico. Ries propone fallar rápido y fallar mucho. Uno de sus puntos más fuertes es que las ideas se deben poner el mercado lo más rápido posible, inclusive antes de estar terminadas. Se deben probar conceptos y dejar que los clientes decidan. Si falla, cambiar, o, como dice él, pivotear, con velocidad hacia otra idea que puede o no estar en el mismo espacio problema/solución. De este concepto surge la idea del MVP (Minimum Viable Product).
MVP es el producto que tiene un nivel de construcción que permite validar la hipótesis de negocio pero está lejos de tener todas las funcionalidades. Ries dice que si el MVP no te da vergüenza, estás haciendo algo mal. Este producto sirve sólo para continuar o eliminar la idea principal. Si bien el concepto no aplica para el resto del mundo conocido, en Silicon Valley, tener un producto con el estado de avance propuesto aseguraría unos cuantos de cientos de miles de dólares de Venture Capitals (VCs) para seguir el desarrollo. Para el resto del mundo, serviría como para venderlo a bajo costo a un primer cliente y esperar el feedback.

Pero, antes de comenzar con el MVP, para reducir aún más la incertidumbre de la hipótesis, su propuesta es comentar la “gran idea” a la mayor cantidad de gente posible y medir el nivel de interés que se genera. Si menos de un 30% no se interesa por el producto, no vale la pena probar. Descartar la idea y pivotear es la solución. Esto va contra el temor del emprendedor que cree que tiene la idea del billón de dólares (millón ya no se usa más porque es poco) y que todos la van a querer robar. La realidad es que los VCs escuchan ideas repetidas todo el tiempo y nadie le roba a nadie, la originalidad de la idea no asegura el éxito. Cómo plantees el problema sí.

Una vez superada la prueba del 30%, hay que ir por el MVP. El liberar rápido el producto al mercado permite reducir al mínimo el nivel de incertidumbre y, por lo tanto, reducir el riesgo en el capital que se invierte. Toda la información que se pueda obtener en el campo, hay que obtenerla. No vale la pena realizar progresiones o extrapolaciones basadas en históricos. La tecnología cambia rápido por lo que la previsibilidad baja fuertemente. Si se tiene una duda sobre el producto, hay que ir al mercado a probarlo.

Una vez puesto el producto en un cliente (recordar que es un producto atado con alambre), es fundamental realizar el seguimiento del mismo. Acá viene otro de los puntos controversiales de Ries: si el cliente no te insulta, estás haciendo algo mal. Lo peor que puede pasar es que la gente sea indiferente. Si te insultan porque no funciona, quiere decir que imagina que cuando funcione le va a solucionar algún problema de su negocio y, por lo tanto, la hipótesis es valida.

Así que, ahora que saben el secreto, piensen muchas ideas, fallen rápido, preparen sus oídos para los insultos de los clientes y sean exitosos.

miércoles, 18 de julio de 2012


Business model de las redes sociales

Los avances disruptivos son los que logran convertir algo caro y escaso en algo abundante y barato. En la vieja Web 1.0 la gente (usuarios) eran cara y escasa, hasta que llegaron las redes sociales y explotaron los vínculos entre las personas y se revirtió la situación.
Acaparar gente ahora es posible, y hacerlo no cuesta dinero en términos reales. Una plataforma 2.0 puede ser hasta gratuita y el costo de ponerla online es cero. El único detalle es que hay que crear el producto que no es más que una idea.

¿Cómo hacerlo? Primero hay que comprender que los humanos estamos programados para preocuparnos por otros humanos. Queremos saber dónde están, con quién están, quiénes son sus amigos y cuáles son sus relaciones. Las redes sociales exitosas explotan esta necesidad desde distintos puntos de vista, trabajo (linkedin), amistades (facebook), fotos (instangram), etc. Nada tiene que ver la tecnología con esto, por eso la tecnología en sí es gratis.

Según Adam Nash (ex VP de Linkedin), la semilla del éxito de la Web 2.0 no es la plataforma, son las identidades, las relaciones y las actividades. Las identidades son las personas en sí, responden a qué faceta de la persona queremos explotar. Las relaciones responden a qué tipo de unión existe entre las personas de la red social. Y las actividades se refieren a lo que las personas quieren compartir en esa red. Este flujo debe retroalmientarse de modo que una persona (identidad) publique información de interés (actividad) para un tercero e incentive a ese tercero a asociarse a la red social a través de un vínculo (relación) con el primero. A través de este sencillo modelo la tecnología se vuelve rápidamente exponencial, logrando que un usuario arrastre a otros y esos otros a otros y así sucesivamente.

Aplicando esta plantilla a varias redes sociales veremos que funcionan así. Y gracias a la alta penetración de la Web 2.0 a través de celulares, el loop se aceleró aún más. Por ejemplo, Linkedin estuvo online 16 meses antes de alcanzar el primer millón de usuarios, Instagram estuvo online sólo 10 semanas.

Malas noticias para los tecnólogos, buenas noticias para los sociólogos. Los que entiendan de qué parte de la vida las personas necesitan alardear serán los que tengan del próximo facebook.